“A cada cerdo le llega su San Martín o su San Antón”, reza un dicho popular que quiere dar a entender que hacer la matacía, el matapuerco, la matanza, el matacochin, tiene sus fechas precisas, inamovibles y fijadas en rojo en los calendarios de Aragón.
La matacía llena las despensas de las familias aragonesas, pero suministra materia para una gran fiesta. Matar el cerdo, elaborar el mondongo o el adobo no son actos que se realicen en la intimidad de las viviendas de Aragón, sino que es un acto público, una fiesta grande que se realiza con la colaboración de parientes, vecinos y visitantes.
La matacía garantiza perniles y jamones, longanizas y chorizos, morcillas y tortetas, costillas y lomos todo lo que puede dar un animal que regala todo su corpachón.
En los primeros años de fuerte desarrollo económico trajeron aparejadas la disminución de fiestas de matanza en algunas localidades, pero en los últimos años se ha experimentado un fuerte incremento de casas y familias que vuelven a realizar la matanza anual del cerdo, manteniendo parte de su pureza ritual. Es una vuelta a la pureza ritual, y a la recuperación de alimentos “naturales”. Es un momento en el que muchas comarcas de Aragón, entre ellas, esta Comunidad de Calatayud, recuperan las costumbres culinarias y gastronómicas que antecedían al Carnaval. Después del Miércoles de Ceniza vendrían las privaciones gastronómicas, pero antes había que degustar las delicias del cerdo y vivir la fiesta pagana de la matacía.
Antes de que comiencen esas limitaciones, habrá que llevar a la cocina toda la carne que se encuentra en el panorama ganadero de la región y más si el animal está vinculado a la propia economía familiar. Ese es el cerdo, el animal criado en al corral de la vivienda rural, alimentado con las sobras de comida familiar, que se convierte en el protagonista de la fiesta.
Niños y mayores participan en la fiesta, que llena las calles y los patios de las viviendas de gritos y canciones, de risas y chanzas, de degustación de una depurada gastronomía irrepetible en otra época del año.
Un buen amigo periodista dice de la matanza es “un rito de la muerte pero es una fiesta de la vida, promesa de abundancia”. Hoy la matanza en plan tradicional, folclórica, se ha quedado para las fiestas; pero durante muchos siglos la matanza era una actividad de hondo contenido económico. El cerdo, animal abominado por las leyes de Moisés y Mahoma, era el animal cristiano por excelencia, y Europa, y no digamos, España, se construyó en la Edad Media sobre auténticas montañas de tocino.
Es importante lo que ocurre con el cerdo y no solo porque sea un animal del que se aprovechan todos sus productos, sino a que, a diferencia de otros animales que también nos comemos, vivo no sirve absolutamente para nada. El cerdo no da leche, no tira del arado, no tira del carro… y, encima, come lo mismo y, por tanto, es competencia del ser humano. Sólo alcanza su grandeza una vez sacrificado. Desde ahora y antes de que llegue la primavera, se celebran fiestas de la matacía en multitud de pueblos de Aragón. Son fiestas en las que todo se trastoca y en las que prima el exceso. En esos días la carne de cerdo, que luego será prohibida, se convierte en definitoria de unas judías blancas con chorizo y oreja, o la «presa del predicador», elaborada a partir de carne de vaca, tocino, chorizo, carnero, morcilla, torteta, pollo y tomates maduros.
Las pelotas de Carnaval, preparadas con pan rallado, queso, huevos y carne picada, tienen destacada presencia en toda la geografía aragonesa, igual que otra variante de ellas, las albóndigas realizadas con pan, tocino y trozos de embutidos, y que se comen en caldo, con sopa o garbanzos.
Es un momento en el que Aragón muestra a los visitantes una de sus más queridas señas de identidad, la fiesta, y uno de los rasgos más genuinos de su gastronomía, la matacía.
Una oportunidad para conocerlas juntas.
Ángel de Uña y Villamediana
Presidente de la Academia Aragonesa de Gastronomía
En estos días en los que la gastronomía toma una importancia especial, desde el Balneario Paracuellos de Jiloca queremos proponer algunas de las recetas más tradicionales de la cocina aragonesa. Un paseo por la gastronomía de nuestra provincia para hacer que esa comida o cena especial tenga el sabor y la calidad de nuestras propias recetas.
Las aguas mineromedicinales de los balnearios constituyen un elemento terapéutico muy importante para la curación de ciertas enfermedades. En el caso del Balneario de Paracuellos, las aguas sulfuradas están indicadas para piel, afecciones respiratorias y procesos reumáticos fundamentalmente.
Desde el Balneario de Paracuellos queremos proponer un cambio en tus hábitos diarios de alimentación. Una alimentación sana y equilibrada permite una mejora en la calidad de vida y la prevención de enfermedades como las cardiovasculares y obesidad entre muchas otras.
El verano es una estación donde muchas personas se plantean la reducción de esos kilos que hemos acumulado durante el resto del año. Sin embargo es importante que cualquier dieta suministra los nutrientes básicos necesarios.
Hoy desde el blog del Balneario queremos proponer una comida sana y que aporta estos nutrientes fundamentales, las ensaladas.
La dieta mediterránea, basada en el consumo de vegetales, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades de máximo impacto en los países desarrollados, como las cardiovasculares, las degenerativas y el cáncer. Sin embargo, hay constancia de que no consumimos ni la mitad de la cantidad diaria recomendada de hortalizas y vegetales, un mínimo de 400 gramos diarios, o lo que es lo mismo, de tres a cinco raciones al día.
Para cubrir esas recomendaciones las ensaladas pueden ayudarnos, especialmente en verano. Son muy fáciles de preparar, y por su elevado contenido en agua y otros nutrientes esenciales para nuestro organismo, sacian nuestra hambre y sed de una manera apetitosa y contribuyen a mantener la piel bien nutrida e hidratada. Diez motivos para incluir ensaladas en el menú de cada día
1. Hidratan y refrescan. Más del 90% de la composición de las hortalizas, base de las ensaladas es agua. Comer ensalada es una forma sencilla y rápida de hidratar el cuerpo en los días calurosos.
2. Dan vitalidad. Los vegetales son fuente excelente de vitaminas que regulan múltiples procesos orgánicos, como el buen funcionamiento del sistema nervioso.
3. Depuran el organismo. La acción depurativa, desintoxicante y diurética de las ensaladas se debe al alto contenido de agua, la riqueza en potasio, al bajo aporte de sodio de los vegetales que las componen, así como a la presencia de aceites esenciales que dilatan los vasos renales. Así, comer ensaladas cada día contribuye a eliminar el exceso de líquidos y resulta beneficioso en caso de hipertensión, retención de líquidos y oliguria (producción escasa de orina).
4. Protegen la piel. Los rayos solares son los principales agresores para la piel y una de las causas del envejecimiento y del desarrollo de melanomas. A través de variadas ensaladas aportamos los nutrientes básicos para mantener la piel en perfecto estado. Las hortalizas de llamativos colores (zanahoria, remolacha, pimientos, tomate, col lombarda, lechuga…) aportan beta-caroteno que se transforma en vitamina A, que renueva la piel y las mucosas y vitamina C, que mejora la producción de colágeno, una proteína que mantiene la piel tersa y sin arrugas.
5. Regulan la función intestinal. Por la riqueza en fibra de los vegetales, una ensalada resulta laxante, por lo que previenen o mejora el estreñimiento. Además, la fibra contribuye a reducir el colesterol en sangre y al buen control de la glucemia (niveles de azúcar en sangre), beneficioso en caso de hipercolesterolemia y diabetes.
6. Aportan pocas calorías. Muy adecuadas para todas las personas, y especialmente para quienes siguen una dieta de adelgazamiento, eso sí, sin abusar de los aliños. Además, comenzar la comida con una ensalada, sacia y reduce el apetito, lo que interesa en estas circunstancias.
7. Cuidan el corazón. La abundancia en antioxidantes (carotenoides -beta-caroteno, ácido alfa-lipoico, licopeno-, vitamina C, vitamina E, flavonoides, selenio…) en los vegetales convierte a las ensaladas en platos aliados del corazón.
8. Mejoran la digestión. El ligero amargor de hortalizas como la escarola, el apio, la hierba de los canónigos, la achicoria, la alcachofa, la endibia o el rábano estimula el funcionamiento de la vesícula biliar y del hígado.
9. Previenen la anemia. La falta de hierro o de ácido fólico se relaciona con distintos tipos de anemia. Las verduras de hoja verde -acelga, espinaca, grelos, berros o escarola- son especialmente ricas en clorofila (con demostrados efectos antianémicos), folatos y hierro, por lo que interesa incluirlas en ensaladas en caso de anemia.
10. Son sabrosas y nutritivas. Hojas de lechugas diversas, escarola, endibias, espinacas, hierba de los canónigos, cebolla, pepino, ajo, zanahoria, remolacha, tomate, espárragos, apio, pimientos, germinados… Cuanta más variedad de hortalizas y verduras incluya la ensalada mayor es la riqueza nutritiva y esto se traduce en mayor vitalidad y energía.
La dieta mediterránea candidata a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
España, Grecia, Italia y Marruecos presentan conjuntamente la candidatura transnacional para que la Dieta Mediterránea sea inscrita en la Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO.
España, Grecia, Italia y Marruecos presentan conjuntamente la candidatura transnacional para que la Dieta Mediterránea sea inscrita en la Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO. El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial tomará la decisión sobre la inscripción en septiembre 2010.
La Dieta Mediterránea es una herencia cultural milenaria que tenemos en común con los demás pueblos mediterráneos, una forma de vivir compartiendo unos cultivos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.
En el Balneario Paracuellos de Jiloca tratamos de combinar todos los beneficios de la dieta mediterránea con los productos naturales que proporciona la rica rivera del Jiloca y la tradición gastronómica aragonesa.
La cocina del Balneario de Paracuellos trata de mostrar en sus platos toda la riqueza de la cocina aragonesa. Una cocina que utiliza excelentes ingredientes naturales como las frutas y verduras de la huerta, ternasco de Aragón, jamón de Teruel, legumbres, etc.
Hoy queremos compartir las especialidades de esta cocina tradicional y natural publicando un folleto editado por el Gobierno de Aragón sobre la gastronomía en nuestra comunidad.
Las lluvias de abril propician la apertura de la temporada del caracol en la vega del Jiloca. Los campos verdes y las tormentas de la primavera son el caldo de cultivo idoneo para este apreciado animalito.
Son muchos los clientes del Balneario los que aprovechan sus largos paseos para recoger caracoles. Desde este blog queremos compartir la receta típica del caracol con tomate, esperamos que os guste.
Ingredientes:
para 4 personas
· 1-2 Pimientos · 1 Cebolla
· 400 Gr. de tomate · 1-2 Dientes de ajo
· 2 Cucharadas de pimentón
· 1 Trozo de chorizo · 1 Trozo de jamón
· 1/2 Pastilla de starlux
· 2-3 Cucharadas de harina · Sal
· Aceite
Preparación
Se les deja una noche tapados, y se les lava 3 veces en distintas aguas. Se ponen a cocer en agua fría para que saquen la tajada. Cuando dan un hervor se tira el agua, se lavan, y se vuelven a cocer y se escurren después. En una sartén con aceite se fríe el pimiento, la cebolla y el tomate. Cuando esta frito se echa la harina y el pimentón, se refríe y se echa en una cacerola con agua y los caracoles, el jamón, el chorizo picante, la sal y el ajo picado. Se deja cocer unos 30 minutos moviéndolos de vez en cuando.
Uno de los postres estrella de estos días de Semana Santa en la Comarca de Calatayud son las toriijas. Sin duda es un placer degustar este sencillo plato típico, en el Balneario Paracuellos de Jiloca nuestros clientes lo ven incorporado en el buffet del desayuno y como un postre más de nuestro restaurante.
Os enseñamos el secreto de su receta.
Ingredientes: para 4 personas · 5 huevos · Leche · Pan del día anterior
· Canela · Aceite para freír
Caldo para las torrijas: · 8 Cucharadas de azúcar
· 1 Vaso de agua · 3/4 L. de leche
· La corteza de una naranja
· 1 cucharadita de granos de anís
Se corta el pan en rebanadas como para tostadas, se echan en una fuente a remojar en leche. Se pasan por el huevo y en una sartén con abundante aceite se fríen. Una vez fritas se van echando en otra fuente. Se espolvorean con azúcar y canela, mezcladas previamente. Para que no se ponga el aceite negro y espumoso, freiremos en el aceite un trocito de papel de aluminio o dejaremos en el mismo aceite una cascara de huevo mientras se fríen. Caldo para las torrijas: Ponemos el azúcar en un cazo al fuego para que se tueste, removiéndolo con una cucharada. Cuando el azúcar este completamente tostada (sin llegar a ponerse negra para que no amargue) añadimos el agua para deshacerla. A continuación añadimos la leche, la corteza de naranja y los granitos de anís y dejamos cocer unos diez minutos para que coja el sabor de todos los ingredientes. Posteriormente añadiremos esta salsa a las torrijas para que se empapen bien en ella.
A ton solo 3 Km del Balneario de Paracuellos se encuentra La Posada Arco San Miguel. El restaurante se divide en espacios casi individualizados con espacio para 50 personas, en el que se han respetado las irregularidades constructivas en paredes y ventanas de este antiguo edificio que ha sido desde almacén de sacos hasta taller de cordelería.
Intimo y muy acogedor posee un artesonado en madera mudéjar fiel reproducción del original existente en una de las capillas de La Catedral de San Salvador o de “La Seo” de Zaragoza. Existen dos niveles separados entre si mediante una preciosa barandilla realizada en madera.
En el salón podrá disfrutar de una esmerada cocina típica aragonesa, en un entorno cordial, esmerado trato, cercano y familiar, haciéndolo así apto para todo tipo de almuerzos de trabajo, reuniones o celebraciones familiares además de disponer de un salón privado.
Los salones guardan los recuerdos del viejo edificio remozado, sin perder su viejo sabor. Todos estos factores hacen que conocidos políticos y deportistas de élite vengan a disfrutar de la Posada.
Ell viejo bar, lleno de recuerdos, que es parte de nosotros mismos y de nuestra cultura, son aquellas entrañables fotos de Calatayud y esos carteles de los viejos colmados, dan a esta taberna un aire evocador y diferente.
La gastronomía es otra de sus mejores ofertas. Podrá encontrar una variada carta tanto de menús diarios como de platos especiales.
Balnearios de Aragón. Productos típicos aragoneses. Jamón DO Teruel
Uno de los productos estrella con DO en Aragón es el jamón de Teruel. Muchos clientes del Balneario encargan sus jamones en poblaciones como Calamocha o Daroca para poder disfrutar de este manjar en sus casas.
El Jamón de Teruel con Denominación de Origen es un producto alimenticio de calidad insuperable en lo que a sus propiedades organolépticas se refiere, pero es también un aliado ideal para la nutrición equilibrada: tiene poca sal, es rico en vitaminas y proteínas, y es muy bajo en contenidos de grasas saturadas dañinas para la salud. Recientes estudios apuntan que el jamón consumido crudo ayuda a restablecer los niveles idóneos de colesterol.
Es un jamón con sabor propio, un aroma natural y rico, que se saborea mejor cuando está recién cortado del pernil, con un cuchillo adecuado y en filetes cuanto más finos mejor. El espectáculo de sus vetas brillantes estimula el apetito del más desganado.
El Jamón de Teruel con D.O. tiene sólo un 37% de grasas saturadas, que son las que generan la fracción peligrosa del colesterol, el LDL; el 63% restante son grasas no saturadas, que producirán a su vez el saludable colesterol HDL.
El proceso totalmente artesanal se traduce en un producto puro y libre de aditivos, colorantes, conservantes o aromatizadores. Su contenido en grasas es inferior al de carnes consideradas falsamente como más saludables (ternera, cordero, jamón cocido…).